lunes, 28 de enero de 2008

Los vecinos








El otro día fui invitado por mi primo Álvaro al concierto que el grupo portugués The Gift dio en el teatro del Círculo de Bellas Artes. Mi primo Álvaro suele tener muy buen gusto para la música y para la comida. Le sigo fielmente a sus propuestas y hasta ahora en todas las ocasiones bien ha acertado o por lo menos nos hemos tomado bastantes copas y nos hemos reído improvisadamente.



La sala tenía las entradas agotadas y había un bullicio en la puerta que anunciaba las ganas de los que bien conocían a la banda. Los mismos músicos habían tocado la noche anterior y también habían llenado el aforo. El publico vestía elegantemente, de forma intelectualoide. Gafas de pasta, rayas elegantes, negros suaves y brillantes, labios rojo carmesí y tez clara-inocente en las damas. Mucha tía buena y mucha clase media. Diríase que todos eran enteradillos del pop, gente inocentemente formada, no agresiva, con ganas de parecer inteligente, divertida como luego veremos. El teatro, al que nunca había ido, era acogedor por lo pequeño y bien construido. Amplio en su miniatura, con comodidad para los gigantescos como yo. Buena acústica aunque no sé si eso depende de la sala o de los técnicos que se lo curran. Imagino que las dos cosas. En cualquier caso buen sonido.



Lo que enseguida observé es que los conciertos sofisticados hoy en día son muy sofisticados en sus medios audiovisuales. Luces muy estudiadas y absolutamente dinámicas llenaban de luz y de vida un escenario que humeaba en una enorme gama de colores. Al subirse el telón todo el mundo estaba sentado. Ante mi temor a un concierto de cámara, fui advertido por mi primo del gradiente de ritmo al uso del grupo. Absolutamente creciente. En principio, no sólo gruñí al ver a la gente sentada, fue peor cuando vi al lado de cada instrumento un ordenador portátil. Soy de la vieja escuela, de cuando los ordenadores tenían pantallas verdes y de cuando nos daban por culo con sus sempiternos "fallos de sistema".



Ahora bien, los humanos aprendemos. Poco a poco pero aprendemos. Estos chavales cercanos aparecieron en escena con un manejo agradable y nada exagerado de sus instrumentos clásicos: guitarras y bajos , órganos de varios tipos justificados, una batería acorralada por un biombo de metacrilato, un medio mulato atlántico (de esos que se ven en Portugal y no sabe uno de donde llega) tocando lo que le venía en gana y por último el instrumento vocal personificado en una mujer poderosa y llena de bonitas detalles en su cuerpo, en su pelo, en la mirada que animaban al auditorio y a su banda, la cual se crecía con sus miradas. Era bastante grave la voz y a mí en un principio no me gustó tanto, luego me llevó a su lusitania natal y a sus bien entendidos sentimientos mostrados en las letras de un inglés portugués que se entiende -donde va a parar- mucho mejor que el inglés de cualquier manchego de Manchester. Bueno, pues aprendí que los ordenadores nos van a acompañar ya en casi todos los conciertos aunque no los veamos. En este caso, servían básicamente para añadir un violín que no tenían y para envolver de efectos barrocos la escena de, diríase, una Lisboa llena de niebla, recibiendo las naves cargadas de especias de las indias orientales.

No paro de oír alabanzas de los vecinos portugueses desde hace unos cuantos años. Me hace gracia oír lo que yo a veces pienso y entiendo un poco ridículo: "Qué majetes son los portugueses y qué bonito es su país. Extraña que no vayamos más. Todo el mundo allí habla español y nos quiere mucho. Son amables y muy educados. ¿Has estado en Sintra? No te lo puedes perder." Pues sí, Portugal mola. Está aquí al lado y es el país más parecido a España. Te intentan timar si pueden, hay suciedad, tienen arte y roña, les gusta comer, beber (menos que a nosotros olé) y se guardan las cositas para su familia. Hasta hace poco nos partíamos la cara como los hermanos que compiten constantemente para no ser iguales, para distinguirse, para conseguir los recursos disponibles en la zona. Hasta no hace mucho también, nos pegábamos de hostias, pero de las buenas por remotos lugares a donde los huevos lusos llegaban mejor incluso que los de los cabezones abuelos nuestros. Pienso que si a Carlos V no le hubieran patrocinado media Europa cobrando y no hubiera habido un superpapa corrupto tipo Zaplana del medievo con apellido Borgia, el tratado de Tordesillas no se hubiera firmado y a lo mejor estábamos nosotros pegados al mar Mediterráneo comiendo arroz todo el puñetero día.

La cosa es que ciertamente arrastran un algo llamado Saudade, esa tristeza creadora, la versión gitana del Portugués que yo observo en sus calles, en sus caras y que me mola mucho. Estoy convencido de que se trata de una mirada de la mujer del marinero que siempre mira al bravísimo océano, no mar, que envuelve sus casas. Saben que siempre hay algo más que no pueden alcanzar o que nunca volverá. Ese algo que yo también tengo porque yo también soy portugués. ¡No te joroba! Es el momento de decirlo. Somos primos hermanos.


Volviendo al concierto la música progresó primero suave dando para que cada uno se pusiera en situación lentamente y sin exigencias. Poco a poco se fueron animando con la ayuda de una electrónica muy bien llevada. Hay un componente del grupo que aparece en la foto de arriba en primer término, el cual animaba el cotarro considerablemente. Tocaba tres órganos y bailaba fenomenalmente. Bailaban él y la cantante graciosamente. Se marcó un par de versiones tremendas, un siempre genial "i will always love you" de The Cure y un revitalizado tema de New Order que me encantó. Fue un concierto genial.


Abajo tenéis una foto de mi primo Alvaro conmigo en una fiesta de disfraces en la que no tuve más remedio que vestirme con el traje de azafata de mi hermana. ¡Lo que hay que hacer por la familia!


5 comentarios:

Viernes dijo...

Querido Juambo, no dejas de sorprenderme... vestido de azafata en una fiesta de disfraces en la que tu eres el único disfrazado? inquietante... ja ja
Respecto a Portugal, ahí me has dado!!! Amo Portugal, amo Oporto, la ciudad en la que he sido más feliz en mi vida, cada vez que he ido, amo Lisboa, de la que casi puedo decir lo mismo, me encanta bañarme en la playa de matosinhos, pasear por Evora, comer carne en Braganza, yo que sé. Me trae al recuerdo lo mas bonito de mi vida (hasta la fecha). Me encanta Amalia Rodrígues, de la que te recomiendo te "bajes" algún disco o si quieres te lo grabo directamente. me mola el fado, si, no se lo digas a nadie, pero es cierto, esa saudade, esa tristeza, es con lo que más empatizo de los portugeses... así que yo también me siento un poco portugués.
Que grán país! Mucho más europeo y civilizado que España, te lo digo yo (aunque eso tampoco es muy difícil). Lo que pasa es que para mi es mi "venecia", es mi país del amor, y ahora que mi corazón anda desocupado, me duele un poco Portugal ...
En fín, ya sabés lo que decía Coppini, Menos mal que nos queda portugal (edición internacional)
Salud!

estudio berlín dijo...

he estado en varias ocasiones en Portugal y sobretodo en Lisboa y siempre he regresado a madrid pensando en lo peculiar de sus olores;
me recuerda mucho a Grecia con todos esos matices y ese caos tan divertido que te hace pensar que la gente allí "vive de verdad" sintiendo cada segundo y dejándose llevar,
bailar..bailar..
es muy recomendable
M

santipita dijo...

Pues yo me imagino a todos los portugueses eternamente descalzos, metiendo la puntita del pié en el atlántico para ver como está el agua,¿ Me meto o no me meto?, eternamente indecisos. Así es el limbo a la portuguesa.

Juambo dijo...

aquí cerca, viernes, tienes tu país soñado. eres un tipo afortunado porque está a tiro de piedra. mientras transmitas esa pasión a quien te acompañe, siempre habrá alguna dispuesta, supongo yo.

ese país de maría del bailar y bailar, del vivir de verdad, de todo eso. ese país quiero yo habitar.

pitón, bienvenido aquí de nuevo. eternamente indeciso...es portugal el brazo indefenso de galicia?

claxontre dijo...

yo todavía formo parte de la España refrita y paleta que cree que Portugal es donde las camisetas y las toallas. y ya son demasiadas maravillas las que oigo del paisito vecino. ¡¡muera la catetez!!