lunes, 19 de noviembre de 2007

Glamour en el festival de cine


Durante la semana pasada ha tenido lugar la 37ª edición del festival de cortometrajes de Alcalá de Henares. Es éste un evento de gran impacto cultural en la Comunidad de Madrid y además nuestra amiga Annette nos daba entradas gratis. Por la primera razón, puesto que la segunda la he escrito para fardar, se ha tenido uno que dejar caer y mostrar el caché y el glamour característicos.

Es la primera vez que visito un certamen de este tipo. Fueron dos días los que pasé allí. El primer día fue la gala de inauguración. En la gala de inauguración llegué en el interminable tren de cercanías que une atocha con la ciudad de Alcalá. Tras el tren y con el grupo que formábamos, nos presentamos en el Indalo. Este bar es un templo de la tapa gratis y de la decoración hortera. Ambas cosas las llevan adelante tomándoselo muy a pecho. Y a lo hecho pecho, con cada bebida que ordenes (como disen en el Caribe) te endiñan una tapa que muy bien puede ser un bocadillo de escalope con queso o de tortilla con jamón o de muchas otras cosas. Consecuencia: nos tomamos cinco cañas y cinco bocatines. Es la tercera vez que salgo del Indalo este con la tripa a reventar con una opinión muy mejorada de la muy leal villa de Alcalá y de sus gentes.

Llegamos entonces a la gala de inauguración. Como era de cortos no encontré mucho vestido largo como esperaba. Un tal Javier García hizo las funciones de animador, presentador y narrador. Al principio me pareció un poco insulso pero luego resultó gracioso. Se soltó y soltó bastantes buenas paridas. Vimos una serie de cortos muy cortos, como de menos de cinco minutos de duración. No me gustaron aquellos que buscaban la subvención con temática local forzada, como algún irlandés con exceso de baile autóctono coñazo. Me gustó mucho uno de un desconocido en el metro de Bruselas, creo, que se reía y contagiaba de risa al vagón entero, con un cambio progresivo de la escena, perfecto timing.

Tras los cortos adivinad por favor: fiesta de inauguración en un gran local con dj, tapas y cerveza gratis. Aquí fue donde más aportamos nosotros a ALCINE37, que es como se llama este evento. Aquí había gente mayor, de la vida social de Alcalá, algunos artistas de medio pelo del mundo del cine y chavalería varia que como nosotros se veía que disfrutaban de saraos de este tipo y por la patilla. Lo que más me sorprendió de la gala fue ver la mezcla de los señores de pueblo con algún escote y algún moreno nada obrero. Todo er mundo es güeno, diríase. Ni que decir tiene que dimos buena cuenta de todo lo que nos dieron y que casi nos tuvieron que echar del local cuando cerraron. La organización del festival, en conocimiento absoluto de las dificultades que hoy en día tienen los jóvenes, dispuso un autobús hacia Madrid cuando se acabó el convite. Dios salve a los pullman privados que sirven bodas, despedidas de soltero y demás.


En la segunda ocasión dudé si debía o no acudir de nuevo al festival. Tras la gala de inauguración y tras tanto impacto cultural, tuve una resaca como hacía años que no tenía. Sin embargo, pude rehacerme y decidí volver a la ciudad del ilustre escritor. El viernes pasado fue el día de Irlanda. Le tengo mucho cariño a ese país. Creo que todo el mundo lo tiene, no sé. Quizás se deba a que son aparentemente inofensivos, tienen sentido del humor, son familiares, paisanos y beben como animales. Mi experiencia es positiva pero he pasado alguna tarde con irlandeses en la que creía que iba a morirme de tanto beber y eso que un servidor no es precisamente la presidenta de las damas protectoras de los modales y el buen gusto. Bueno, pues la sesión de cortos fue muy pero que muy divertida. Casi todos, a excepción de una cursilada de hadas en dibujos animados fueron desternillantes. Hubo un par a los que además fui especialmente sensible, uno dedicado a la vasectomía y otro que hablaba de la circuncisión. Cualquier corto que toque esos temas se acerca mucho a la intimidad y a la sensibilidad interna masculina. Viva el cine dedicado al hombre joder, que ya necesitamos apoyo. Tras los cortos, concierto de música de un irlandés llamado Garrett Wall. Tremendo, muy bueno. La idea de no dejar beber en la sala es de locos. Es como ir al museo del prado y que no te dejen pasar más allá de la primera sala. Pues vale, matani a la entrada. Tras el concierto, seguimos a unas locales que nos hacen de guía al bar irlandés de marras. Apretujones, calor y cerveza por un tubo. Nos hicimos fuertes en varios frentes. Había una serie de gente que había viajado de fuera por el festival. También había bastante gente que trabajaba temporalmente ahí para sacar adelante el festival. El estrés y las circunstancias nos obligaban a todos a ordenar bebidas y conversar copiosamente. El garito en cuestión no estaba mal, me gustaría poder recomendarlo pero no me acuerdo ni del nombre ni de donde narices se encuentra. Tras unos tequilas de despedida, nos llevan a un garito semiclandestino. Me gustaba también ¿no estaría mi juicio a esa altura ya afectado? Era éste un local al cual no se podía llegar si no se conocía bien pues estaba medio oculto. Cuando entramos la música no estaba mal, la pista estaba vacía y se me ocurrió lanzarme a bailar un poco. La convocatoria tuvo éxito, se dejaron ver por la pista algunos bailes semi-pegados, tecno-alemán de mirada al suelo, robots, ska del jez, etc. Nos dimos al 105%. La vuelta esta vez no fue precisamente en autobús. Fue Siggy, el alma caritativa que se contuvo bebiendo solamente cuarenta cervezas para llevarnos sanos y salvos a casa. Nos equivocamos en la autopista e hicimos cinco kilómetros de más.

Gracias Annette por invitarnos a tan magno evento. Espero que estuviéramos a la altura de las circunstancias. Gracias Jez por el episodio de los 50 minutos con la directora griega. Me he partido la caja todo el fin de semana cada vez que lo recordaba.


¡ESPAÑOLES, FIFA EL CINE!

2 comentarios:

Annette dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Annette dijo...

Estabais a la altura y mucho más... Muchas gracias por vuestra compañía y vuestro cariño que me han ayudado a aguantar hasta el final... no tenéis ni idea cuanto ha significado para mi. Besos para mis buitres preferidos.