miércoles, 26 de diciembre de 2007

Sancho y Quijote. El amor de cada dia




El otro día me reuní con unos viejos amigos en lo que ya parece ser la cena anual de Navidad. Fue una cena en la que casi todos preparamos algo con esmero. Hubo pimientos rellenos de bacalao, tortilla de patata "abuela style", cochinillo asado (casi con manzana en la boca), buenos vinos, ensaladas coquetas, etc. Es sorprendente como evolucionamos en tan poco tiempo. Puede que nos hayamos hecho mayores, refinando los gustos y también puede que nos hayamos vuelto unos metrosexuales de cuidado. En algún termino medio nos encontramos. Menos mal que para compensar terminamos la cena con unos buenos copazos de ron entre pecho y espalda.

También los temas de conversación han tomado nuevos derroteros. Quizás sea que ahora hablamos de las cosas mas intimas con menos pudor y necesidad de aliño alcohólico. El caso es que al llegar los postres (si, también había unos postres deliciosos) un tema sobresaliente a todos se puso encima de la mesa. Conversamos sobre las relaciones afectivas hombre-mujer a los 30. Nos acordamos de los primeros amores, grandes y tortuosos. Vimos, en fin, como también en el amor y en el sexo ya no nos conformamos con una hamburguesa con coca-cola.



En mi recuerdo viene ahora ese libro tan reconocido. Quijote cabalgo largo y tendido con Sancho viviendo tremendas aventuras que en su intensidad provocaron el cambio de personalidad de cada uno, la adaptación, guia óptima de la capacidad de supervivencia del ser humano. El motor de inicio de Quijote fueron los ideales, la teoría mas absoluta, la grandilocuente versión de una tierra llana al objeto de volar del misero pueblo, a caballo de la locura. La locura fue un poderosisimo motor que le llevo a mover incluso al perezoso Sancho. El famoso escudero, por su parte, venia movido por la necesidad, por un estomago roto y por un intento de alcanzar la estabilidad. No le dio importancia siquiera al verdadero impulsor del viaje. Suponía que quien iniciase una aventura semejante bien debía valer para ello. A cada rato, sin embargo, temía con miedo razonado las locuras y los (pero también) atrevimientos de su señor.


Al cabo, con la experiencia marcada, ambos fueron ajustando sus niveles de aspiración, intercambiando ilusiones y formas de ser. Quijote comienza a desear estar mas tranquilo y Sancho poco a poco empieza a volar con la imaginación.
Creo que la treintena es muy buena época para amar. Podemos mezclar sin pudor lo que necesitamos con lo que nos ilusiona. Nos es dado ahora elegir sonreír, decir cosas agradables para crear convivencia. Crear el código que por encima de los problemas de cada uno, sea valido para compartir la vida.

Por ultimo quiero decir que en el gran libro, Miguel de Cervantes escribe la muerte de Don Quijote al final de la segunda y ultima parte. En mi opinión nos advierte que la ilusión no puede nunca perderse si se quiere sobrevivir al amor, al trabajo, al camping o a lo que sea.
PS1- Me encuentro en Chicago y es por eso que el teclado me la juega, disculpen las faltas de ortografía.
Ps.2- Joder, de los dos últimos mails me siento como un autentico guru de la meditación. Prometo ser mas descriptivo y reírme mas de mi o de mi entorno en mis próximo blogs.


lunes, 17 de diciembre de 2007

Ociosidad





Tengo una amiga italiana que realizó una tésis de final de carrera muy interesante. La carrera era una de esas que los que hemos nacido en los años setenta no conocemos bien. Es algo así como políticas y comunicación, todo junto. Les enseñan cosas tremendamente útiles y les resulta menos complicado aprobar las asignaturas. En su trabajo, mi amiga Ilaria hablaba sobre lo útil que sería poner las nuevas tecnologías de comunicación al servicio de la vida política y administrativa. No lo pensaba como una extensión o mejora de los procedimientos existentes sino como un cambio en el concepto mismo de participación ciudadana. Hoy en día, el único momento en el que el estado realiza una consulta sobre el rumbo que las pequeñas o grandes decisiones deben tomar sucede en las elecciones cada cuatro años. Las promesas que se realizan en esa época no son tomadas muy en serio por los ciudadanos porque la memoria es dinámica y desplaza lo más importante a lo menos importante. Promesas importantes en las elecciones no suceden porque nadie las recuerda ya. Muy poca gente se lee el programa político de éste o aquel partido. Es más, ¿a quien le importa algo que reside entre pocos, entre entes abstractos e intangibles? Como resultado de esta abstracción la unión europea, con lo que mucho que amo este concepto, a la hora de reafirmar su funcionamiento, es negada por un número importante de ciudadanos y por ende de naciones. No creo que fuera la misma constitución rechazada sino la falta de participación. ¿Qué narices es eso de Bruselas y quien toma las decisiones que a mí me afectan?

Sin embargo, cada día nos vemos favorecidos por las nuevas tecnologías para expresarnos. A través de nuestros teléfonos móviles localizamos a personas importantes en momentos claves. A través de mi mail largo cabos a pantalanes que me salvan de la tempestad, a través de Internet creamos sociedad pues seguimos sintiendo invariablemente, inevitablemente. Favorecer los medios para compartir estos sentimientos es hacer patria sin fronteras. El único esfuerzo a realizar por los interlocutores será conocer la diferencia entre quienes queremos ser y lo que realmente somos.

En esta encrucijada Ila se plantea introducirnos, apostar por la iniciativa ciudadana. Dotar a la administración de estos ya baratos dispositivos para que, por ejemplo, los habitantes de un pequeño barrio de la gran ciudad de Roma puedan decidir en dos semanas si prefieren horarios de apertura de bares conservadores o atrevidos, impuestos sobre el patrimonio o sobre los automóviles, bodas gays o con animales, tropas en Darfur o limpiando crudo. Utilizar los medios disponibles no sólo para el consumo.

Claro, el trasladar el poder al pueblo hace pensar si el pueblo está preparado o si somos incapaces. El mismo concepto de democracia si somos consecuentes debería responder afirmativamente a la pregunta. Lo estamos y si no lo estamos merecemos darnos la castaña para averiguarlo. Por otro lado, tal y como estamos organizados es como queremos estarlo. Las clases sociales están ya casi derogadas, al menos aquí en España. ¿Nos interesa el compromiso o es sólo una pose demagógica? ¿Es la responsabilidad de decisión algo que deseamos todos o sólo unos cuantos?
Este fin de semana he visitado una exposición de fotografía un tanto inquietante en la sala que el Canal de Isabel II dispone en la calle Santa Engracia 125. Éste es el espacio de exposición que más me gusta en Madrid, se trata de un antiguo depósito de agua vertical con uniones metálicas remachadas. La expo trata del fotógrafo Don Mc Cullin (no confundir con Macaulay Culkin) con sus fotos sobre guerras y otros desastres. El pobre realizó instantáneas tan duras que le dejaron, parece ser, para siempre afectado. La Neurosis evidente en el rostro de este soldado participante de la ofensiva del Tet en Vietnam es la imagen que más me ha sensibilizado. Tiene otras mucho más crudas pero es ésta la que más consternado me dejó. Lo que han visto los ojos de este soldado tiene mucho trasfondo y hace pensar sobre la importancia de tomar las decisiones importantes entre todos, aún si nos equivocamos. Es evidente que ya han tomado decisiones muy equivocadas entre sólo unos pocos.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Oigame mi niño




Cuentan de Canarias que hace muchos años, antes siquiera de que gobernara el PP en Madrid, se formaron los islotes en un relativo corto espacio de tiempo. El océano que las rodea cubría antes a las rocas que reposaban aburridas sobre el fondo del mar. Hartas ya de tanta calma y observando el enorme mar de nubes que cubre la zona, un determinado conjunto de rocas decidió hacer algo grande por fin en su vida. En una tarde no muy lejana, se empezaron a poner calentitas y en un periquete se formó allí la del rosario de la Aurora. Ahora observan el mar desde la altura, algunas incluso por encima del imitador mar de nubes. Ahora algunos paisajes en los que viven son verdes y azules, densos bosques de pino canario o volcanes enormes. Costas escarpadas que protestan mediante olas gigantes por el obstáculo recién creado sin pedir permiso e impidiendo su eterno tránsito oceánico.




En la isla de El Hierro hay mucha madera y piedra volcánica, arena con ciertas hierbas; pero no hay hierro alguno. Se oxidaría enseguida. Sus gentes, sus pueblos, el aire que respiran, la comida que hacen, todo sabe a mar, a purito océano Atlántico. Caminar aquí es escalar volcanes de más de mil metros de altura y que nacen del mar, en un terreno minúsculo. Obsevar todo esto es precioso, casi cualquier contacto con sus lugareños también. Los isleños en su mayoría son animados, graciosos, cerrados y pueblerinos, dulces, calmados, guapas. La locura viene servida por su soledad. Los isleños están aislados. Viven de cara al mar y al turismo del sol, muy de paso. En la soledad, decía Nietzsche, se puede tener de todo menos cordura.





En parte, el viaje que acabo de realizar lo he hecho solo. En parte he estado en compañía. Creo que es una buena combinación. La soledad es una compañera de viaje que exacerba los contactos humanos sea cual sea su índole, agranda cualquier sonrisa extraña y también convida a muchos tragos. Con ella el tiempo se alarga y se pueden visitar muchos sitios en poco tiempo. La elección de la ruta es muy libre, por ello también muy disparatada. Es una opción más, no vale ni tanto ni tan poco. Aparece inevitablemente en el camino y conviene tomarla y tomarle el pelo.

Su experiencia nos hace valorar la compañía a la vez que nos descubre aspectos del viaje que pasan desapercibidos con otras personas. El diálogo interno no para, sin embargo, y a veces conviene distraerlo con algún libro, cine o la tan valorada como reciente compañera: la escritura bloggera.

lunes, 3 de diciembre de 2007

La identidad




Es hoy noticia la piel mudada que se ha encontrado recientemente en las laderas de un bosque gallego. La piel pertenecía a una serpiente pitón de más de siete metros de largo. En las entrevistas que han aparecido en la televisión se han podido ver a bastantes personas gallegas intentando hablar de otra cosa. La mayoría decía que no es un buen nuevo vecino porque no tienen ni idea de quien es esa "bicha". Para mí que la pobre pitón al llegar a tierras gallegas ha decidido hacer lo que se debe hacer para sobrevivir: adaptarse. En tierras gallegas no hay que dar muchas explicaciones. El misterio reina y no iba la pobre criatura a explicar su origen o hacia donde iba o quien es su anfitrión. Simplemente se ha deslizado por el bosque.


Imagino que la serpiente anda un poco despistada porque ha debido nacer en cautividad o en un lugar bastante lejano. Buscará sin pausa algo importante, su identidad. Aún siendo "bicha" creo que podemos entender que necesita reconocerse propia de un entorno y con sus hábitos comprendidos y respetados (o si no te fulmina de un bocao, ah que las pitones no muerden, ya, ¿lo has visto tú?). Necesita también un reflejo en las otras criaturas bífidas y sustento a sus demandas naturales, es decir ratones u otro alimento, además de serpientes del otro sexo y la mochilita de necesidades que pueda tener la pobre.



La identidad es importante para nosotros. El andar olfateando cada día su rastro nos lleva a exagerar su concepto. A darle forma a pinceladas. He encontrado siempre que los líderes nacionalistas eran siempre herederos de la migración y del descoloque, quizás veletas del pueblo, cigüeñas que no se van a África en invierno porque no tienen frío pero que luego se quedan solas y tienden a imitar al gorrión. El asunto funciona porque amar es ser pueblo y a todo el mundo le gusta que le digan que su nombre y su pueblo son bellos. Ejemplos de lo anterior pueden ser las ideas del padre carlista de Sabino Arana, fundador del PNV cuyo exilio en Francia y su estancia en Barcelona cinco años dan inicio a sus planteamientos políticos; los viajes de Arzallus del seminario a la vida política que pasan por Alemania, Barcelona y Madrid; la época del austriaco Hitler en Viena, como un hippie que vivió tres años en un albergue para indigentes intentando triunfar como pintor sin subsistir en una ciudad bollante, con un padre que estuvo 39 años sin el apellido del padre hasta que adquirió el de su padrastro, sin identidad; o también el ejemplo de Carod-Rovira, hijo de guardia civil aragonés, que llegó como inmigrante a la ciudad de Cambrils y tuvo que hacerse un hueco trabajando fuerte en la competitiva y creciente economía catalana de entonces.


Ni se me ocurre comparar a todas estas personalidades del pasado. Sólo lo hago en el aspecto común de la importancia y uso que le dan a la identidad nacional de sus ideas políticas. Para mí es obligado decir que aunque alguna vez exaltados, Arzallus y Carod-Rovira hicieron hace muchos muchos años una labor importante para la democracia que hoy en día nos deja decir en foros de alto nivel como éste lo que nos salga de las partes nobles. Por otra parte, la mayoría de los madrileños carecemos de un sentimiento local fuerte. Nos es a veces incomprensible que otra región tire hacia sus intereses porque nos creemos formar parte de un todo y evidentemente, al menos en cuanto a lo práctico, ya podemos ir cambiando nuestra idea. No comparto mucha identidad cultural con los habitantes de Navalcarnero pero me interesa que el gasto en sanidad, educación o infraestructuras no sea (sin razones obvias de las que sea debidamente informado) inferiores a las que otra comunidad de receptores "culturales" perciba. Viva el dos de mayo y la fritanga si es preciso entonces.

Ahora bien, invito a todos los ciudadano a una reflexión contra el paletismo. No porque me guste mi pueblo, al quinto del de al lado le voy a pegar un garrotazo cuando no mire nadie o en fiestas.
Pago mañana.

Hablando de cerca, me pregunto muchas veces porque me atraen tanto las mujeres extranjeras. Será porque tienen las orejas más grandes.