
Se acercan las elecciones por el gobierno de España. Desde hace ya varios meses es bastante obvio en todos los medios de comunicación. No informan, promueven personas a través de la subjetivación de los datos. Resulta un poco incómodo para el que busca la noticia. Es difícil interpretar los datos porque ahora no son datos, son sólo números de dominó. Cada uno los ve o los quiere mover para que estén de su lado.
Entre tanto esfuerzo por movilizar opinión, observo como ha evolucionado mi sentido de observación político. Es un buen momento para hacer balance y ver qué caminos recorre cada uno en este momento. Jez y Siggi, un par de amigos extranjeros, se sorprenden al ver como aquí el voto es público y hay que tomar las papeletas a la vista de todo el mundo, las cabinas son sólo una opción. Según dicen, es sorprendente que un padre vaya a votar con la familia y condicione el voto de sus familiares.
Creo que las ideas políticas de los padres son muy influyentes en la mayoría de los hijos que no quieren contrariar a sus padres por otros motivos. Estas influencias marcan una raíz en el análisis político. Tras esto, cada uno comienza su camino y descubre donde se siente más agusto. En España este segundo camino es caminado, por desgracia, por pocas personas. Me encuentro con gente aferrada a una opción política sin ninguna gana de cuestionar las acciones o propuestas concretas de estas tendencias. De la papitis profunda que reina en este país se abren las sendas de las dos Españas. El machismo reinante que amenaza la familia hace que el acto de poner en duda las ideas paternas sea motivo de alta traición y desacredite por rebelde a cualquier crítico.
Hay dos tendencias claras. Aquí y en la China Popular, como dice Carot. Estas dos tendencias son presentadas en todas las partidas. Una puede venir de la raíz y otra de la experiencia propia. Abrir la mirada al análisis de los dos contrincantes siendo uno el que juzga se llama jugar y es de lo que trata cualquier embate. Jugar a tomarselo en serio pero sabiendo que no es más que eso, una lucha por sistema, una eterna discusión. El debate de la "gente experta" que aparece en televisión no es más que retórica. Empaque, buena planta y eficiencia en la ocurrencia vocal es lo que parece tener una opinión política definida. Nada de ser imparcial se pide. La gente en su mayoría no pide un periódico imparcial, ni mucho menos. La opinión está marcada y se debe demostrar con ingenio. Este ingenio es la clave de la batalla política. El ingenio se justifica fácilmente. Si en el discurso de Zapatero o de Rajoy se vé alguien representado con orgullo es de verdad una persona soñadora la que escucha. No es precisamente eso lo que nos ofrecen esta vez los líderes políticos. Tampoco hechos encomiables. Aún así yo tengo mi particularidad actual que voy a hacer real a través de mi voto, representándome a mi y a nadie más. Mi voto es importante porque me define aunque todo lo que mueva sea un juego. Ojalá pudiera yo tomarme la vida así, entendiendo la partida.
¿Quien va a esta mano?

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