martes, 26 de febrero de 2008

Fumar: Memoria de soluciones fallidas

Hace ahora dos años que dejé de fumar. Leí un libro que me regaló mi madre un año antes: "Dejar de fumar es fácil si sabes como", de Allen Carr. Por aquel entonces trabajaba con un inglés bastate cabrón que se llamaba Ray Carr y cogí el libro al principio con un poco de tirria. También era el primer libro de autoayuda que leía. Un hombre autosuficiente como yo, por Dios. El caso es que el libro poco a poco me fue gustando. Insistía como una especie de disco rayado en los inexistentes beneficios que nos deparaba el tabaco, en las mentiras que nos habían vendido sobre su dudoso estilo y en los muchos perjuicios psicológicos, físicos y económicos que causaba. Era demoledor por lo repetitivo. Con este libro y con la ayuda de absolutamente todo mi entorno apoyándome no me resultó nada dificil dejarlo. Recuerdo como mi abuela y algún amigo alagaban la fuerza de voluntad. En ese momento, de veras, no fue tan dificil.

Durante este tiempo no he fumado ningún cigarrillo. Le he dado alguna calada a elementos auxiliares cuando he podido. Esos elementos auxiliares han sido puros, porros y puritos. No era alarmante porque en mi esquema mental no constituían tabaco en sí. Así de sencillo. Era curioso que al principio, durante los primeros meses, al dar alguna de esas caladas y acostarme, soñaba con que volvía a fumar decididamente y me sentía muy triste por no haberlo logrado. La sensación en el sueño era muy real. Tanto que al despertar y darme cuenta de que se trataba de un sueño sentía una alegría tremenda.

Ninguno de esos elementos auxiliares me sienta bien. Los puros y puritos tienen para mí un sabor de mierda. Los porros generalmente me aislan e impiden mi comunicación. Algo por lo que lucho cuerpo a cuerpo cada día. Ahora, pasados dos años en los que ya no tengo que demostrar nada a nadie, en el momento en el que teóricamente no tengo adicción a la nicotina es cuando más fuerte me resulta la tentación de coger un cigarrillo y fumarlo. Especialmente por la noche. No porque tenga incorporado a mi rutina fumar con copas, no. Es porque hay un programa que alguien hizo en ms.dos en mi cerebro y en el cual se leía;

C:\Ansiedad_solver
C:\Ansiedad solver>RUN Tabaco.exe

El tabaco como mecanismo falso pero realmente insertado en la mente. El tabaco como solución a algo intrínseco al ser humano. El jodío tabaco como llave para la ansiedad. Cuando dicen que los humanos somos muy inteligentes porque sabemos hablar y no nos cagamos encima me pregunto si de verdad se analiza lo profundamente borrica que es nuestra naturaleza. Fumar no me sienta bien pero por alguna extraña razón me apetece fumar cuando veo a alguien y siento nerviosismo. Robot total.

Lo positivo que saco de esto es salir del caso en concreto y abrir el zoom. Hay más cosas que me joden y hago mecánicamente. Hay muchas cosas que puedo desprogramar. Con esfuerzo, sí, pero con recompensa. También hay otras a las que dedico mi más sonada alabanza de resignación. Descubrir debilidades es una parte de este blog. No sólo para detenerlas sino para, como dice mi gurú Amparo, darles carta de naturaleza.

lunes, 18 de febrero de 2008

Esqui-mal


He visitado el pirineo aragonés este fin de semana. El objetivo del viaje era esquiar sábado y domingo en la estación de Formigal. Como compañeros de carretera unos amigos y muchos cacharros del equipamiento indispensable para practicar este deporte: botas lunares, largos esquies, abalorios contra el frio y un sinfin de complementos. Cuando me visto para entrar en pistas la imagen que me llega es la de los astronautas justo antes de entrar en la nave espacial con cara de gilipollas mientras caminan. También me invoca la de los caballeros andantes que marchaban a la batalla a meter mandobles y a jugarse la vida.

Siendo tan aparatoso y haciendo tanto frío como hace allí arriba, uno se pregunta por qué despierta tantas pasiones el famoso esquí. Se realiza impepinablemente en un entorno bello como lo es cualquier grupo de montañas enormes llenas de nieve. Esto gusta mucho pero no es suficiente porque la montaña está ahí aunque no deslices sobre la nieve y porque también parece un puñetero parque temático el invento de los remontes industriales y baretos cutres tipo Moncloaca. Además, me ha dicho mi primo que la foto de arriba no es ya real en España porque desde hace varios inviernos cada vez hay más calvas, y no precisamente alopécicas, en las pistas.
El punto de interés principal para mí es el riesgo que entraña ir a tanta pastillas montaña abajo con tan solo unos primitivos patines y tu juego de pesos corporales. El desafío de usar una técnica que cualquiera con bolsillo (gordos y delgados, jóvenes y viejos, pijos y tuneros) puede usar para poner en juego el equilibrio es interesante.

Uno siente que, como pasa a menudo de cerca, puede partirse una pierna o salir de pista y darse una buena galleta. Uno sabe de buena mano que la caída está ahí impérterrita a tus fallos y despistes. Pues bien, el saberse capaz de controlar esa situación, deslizarse a tanta velocidad sabiendo lo que puede suceder es lo que llama a la gente a las pistas. Ese sentido heroico y antígua causa común de salir con la armadura a dar palos a los bandarras que molestaban siquiera el honor de tu señor de turno. Modestamente, claro, que ya hay tele hasta en la China popular y entonces sabemos que el señor también orina y defeca.

Esto es lo que nos hace gastarnos tanta pastita fresca en la "auténtica gente de campo", esos inteligentísimos hombres y mujeres tan relajados y hospitalarios que nos acojen en sus humildes moradas. Lease casoplones, 4x4 de luxe y humores de perro como señal no única pero sí frecuente. Normal, la verdad. Es verdad que hay otras cosas complementarias y añadidas que aporta el campo cualquiera como es comer con hambre, dormir con sueño y beber con sed. Eso nos falta aunque parezca mentira que lo podamos añorar. Ay Mr. Gates, nos falta y no lo tiene windows ni con el service paquete rs.4,2.

PS. Hoy en la tele han puesto Rambo algo, creo que 3. Me he descojonado. Los muhaideen eran soldados santos que luchaban con su vida contra los rusos porque les habían quitado la tierra. Los tios eran bastante simpáticos y Rambo era una especie de consultor externo bondadoso que tenía mala leche cuando había que tenerla. A mí Stallone me cae bien porque inteligentemente no va de buen actor y porque no se mete en política confundiendo sus filmes. Aún así diré que esa consultoría externa americana le ha salido cara a medio planeta. Señores de la guerra, muéranse todos por favor.

martes, 12 de febrero de 2008

Entrar

El sábado por la tarde marché al cine con mi amigo Fabrizio. La gente no alcohólica es peor aún que los borrachos. La sesión de las ocho estaba a reventar, había mucha gente muy despierta. La expectación llegaba de la mano de la película que los hermanos Cohen estrenaban el pasado fin de semana con un Bardem galordonado internacionalmente.

Los cines Ideal guardan un ambiente curioso en su interior. En la cola de las palomitas me quedé muy sorprendido al presenciar una escena que puede ser de lo más corriente por las calles de cualquier ciudad. Justo detrás de nosotros, en la fila, se encontraba una chica joven de raza negra que además de vestir de forma muy moderna y tener una figura prodigiosa, al apartarse el brillante cabello que ocultaba su cara, aparecía una especia de sol de mediodia, una luz de astral que hacía al mortal caminante temer que los presagios se cumplieran e imaginar que allí mismo cayera el cielo sobre nuestras cabezas. Su belleza era mucho más interesante que cualquier película. Un señor mayor, de unos cincuenta años, con un bigote ligeramente cercano al de Miguel de la Cuadra Salcedo, situado detrás suyo en la cola, con toda la naturalidad del mundo comenzó el siguiente diálogo:

- ¿Qué película vas a ver?

(Silencio de la chica)

- ¿Vas a ver alguna película aquí?

(Aquí es cuando el Excel te da un error porque has puesto en la fórmula la casilla donde estás escribiendo)

- No, te preguntaba que qué película vas a ver. No te preocupes, yo ya he sacado mi entrada y no voy a cambiarme de sala aunque vayas a ver una película diferente a la mía.

- Déjeme en paz. No sé que le pasa a usted.

(En perfecto castellano. Respuesta contundente. Creo que o se sentía acorralada o está acostumbrada a estas lides)

- Lo que ocurre, guapa, es que los hombres normalmente decimos cosas graciosas a las chicas guapas, porqué tú eres una guapa, ¿Sabes?. La vida es así.

(Silencio masticable tipo chicle para dejar de fumar)

- ¿Estás sola?

- No, estoy con mi novio que está allí (señalando al fondo de la estancia) y va a venir ahora.

(Pausa masculina mínima y luego...)

- Me imagino que tu novio será un hombre simpático, ¿no? Sobre todo con un hombre mayor, con bigote.

ESPANTADA DEL BIGOTES.

Aluciné. Luego me dí cuenta de que a las chicas guapas les entran bastantes hombres por la calle. Es algo que los hombres no tenemos en cuenta pero sucede. Me lo ha contado alguna guapísima.A veces es divertido. Sobre todo si no es a tu chica o si tu chica tiene empaque.

"Entrar" a chicas es un desafío masculino habitual y también una necesidad. Es ahogador cuando el miedo al rechazo se siente. Es muy divertido cuando juegas, te interesa la otra persona y tienes verdaderamente ganas de adentrarte en el espeso bosque de la otra persona. No siendo por supuesto un proceso unilateral, a lo mejor, lograr follar consiste en eso, en tener verdaderas ganas y en personalizar la voluntad. Entonces tus facultades son óptimas. Si lo hacemos robóticamente te puedes encontrar con un telón de acero como se encontró el bigotes.

lunes, 4 de febrero de 2008

Erecciones generales



Se acercan las elecciones por el gobierno de España. Desde hace ya varios meses es bastante obvio en todos los medios de comunicación. No informan, promueven personas a través de la subjetivación de los datos. Resulta un poco incómodo para el que busca la noticia. Es difícil interpretar los datos porque ahora no son datos, son sólo números de dominó. Cada uno los ve o los quiere mover para que estén de su lado.

Entre tanto esfuerzo por movilizar opinión, observo como ha evolucionado mi sentido de observación político. Es un buen momento para hacer balance y ver qué caminos recorre cada uno en este momento. Jez y Siggi, un par de amigos extranjeros, se sorprenden al ver como aquí el voto es público y hay que tomar las papeletas a la vista de todo el mundo, las cabinas son sólo una opción. Según dicen, es sorprendente que un padre vaya a votar con la familia y condicione el voto de sus familiares.

Creo que las ideas políticas de los padres son muy influyentes en la mayoría de los hijos que no quieren contrariar a sus padres por otros motivos. Estas influencias marcan una raíz en el análisis político. Tras esto, cada uno comienza su camino y descubre donde se siente más agusto. En España este segundo camino es caminado, por desgracia, por pocas personas. Me encuentro con gente aferrada a una opción política sin ninguna gana de cuestionar las acciones o propuestas concretas de estas tendencias. De la papitis profunda que reina en este país se abren las sendas de las dos Españas. El machismo reinante que amenaza la familia hace que el acto de poner en duda las ideas paternas sea motivo de alta traición y desacredite por rebelde a cualquier crítico.

Hay dos tendencias claras. Aquí y en la China Popular, como dice Carot. Estas dos tendencias son presentadas en todas las partidas. Una puede venir de la raíz y otra de la experiencia propia. Abrir la mirada al análisis de los dos contrincantes siendo uno el que juzga se llama jugar y es de lo que trata cualquier embate. Jugar a tomarselo en serio pero sabiendo que no es más que eso, una lucha por sistema, una eterna discusión. El debate de la "gente experta" que aparece en televisión no es más que retórica. Empaque, buena planta y eficiencia en la ocurrencia vocal es lo que parece tener una opinión política definida. Nada de ser imparcial se pide. La gente en su mayoría no pide un periódico imparcial, ni mucho menos. La opinión está marcada y se debe demostrar con ingenio. Este ingenio es la clave de la batalla política. El ingenio se justifica fácilmente. Si en el discurso de Zapatero o de Rajoy se vé alguien representado con orgullo es de verdad una persona soñadora la que escucha. No es precisamente eso lo que nos ofrecen esta vez los líderes políticos. Tampoco hechos encomiables. Aún así yo tengo mi particularidad actual que voy a hacer real a través de mi voto, representándome a mi y a nadie más. Mi voto es importante porque me define aunque todo lo que mueva sea un juego. Ojalá pudiera yo tomarme la vida así, entendiendo la partida.

¿Quien va a esta mano?

jueves, 31 de enero de 2008

Hablar solo


En estos momentos me encuentro hablando solo. El diálogo interior no cesa. Cuando camino por la calle, al vestirme por la mañana, en el parking instantes antes de coger el coche, al probar si el agua de la ducha está suficientemente caliente, al salir del vestuario del polideportivo. Rara vez cuando hablo con alguien aunque quizás a veces sí. Nunca mientras escucho a alguien a no ser que ese alguien sea un taladro humano y tenga que evadirme, entonces llega. Cuando pienso algo, al elaborar un programa de acción, no tengo capacidad de hablar pero casi siempre podría decir que soy un charlatán interior.

Creo que todo el mundo habla solo. Exceptuando quien habla con los demás todo el rato, creo que todo el mundo habla bastante solo. Quizás los que callan cosas, los tímidos, introvertidos, esquizoides, miedicas y demás friquis que poblamos la tierra hablemos más con nosotros que los extrovertidos, orgullosos, competitivos, cotillas o histéricos.

Me gusta mucho cuando de repente, me encuentro con otra persona desconocida, o mejor aún conocida, que se encuentra hablando sola y al abrir una puerta se encuentra conmigo y la pillo. Son muy buenas también las pilladas en los coches, en las paradas de los semáforos o en el tráfico. Dentro de estos actores a lo mejor también se encuentra la gente que canta mientras porta un ipod o un mp3, la que baila en el metro. Mundos interiores.

La pregunta del millón de dolares es si hablamos con alguna otra persona o no. Hablar con un ausente creo por experiencia propia que nos lleva a darnos cuenta de la añoranza de un ser querido. Cuando esa persona es alguien de trato frecuente, este diálogo fantasma me indica la impotencia en el trato a una persona a la que se le pueden decir las cosas de alguna manera más fácil y con consecuencias menos catastróficas de las que creo que pueden suceder.

Hable con ella. Una idea genial.

lunes, 28 de enero de 2008

Los vecinos








El otro día fui invitado por mi primo Álvaro al concierto que el grupo portugués The Gift dio en el teatro del Círculo de Bellas Artes. Mi primo Álvaro suele tener muy buen gusto para la música y para la comida. Le sigo fielmente a sus propuestas y hasta ahora en todas las ocasiones bien ha acertado o por lo menos nos hemos tomado bastantes copas y nos hemos reído improvisadamente.



La sala tenía las entradas agotadas y había un bullicio en la puerta que anunciaba las ganas de los que bien conocían a la banda. Los mismos músicos habían tocado la noche anterior y también habían llenado el aforo. El publico vestía elegantemente, de forma intelectualoide. Gafas de pasta, rayas elegantes, negros suaves y brillantes, labios rojo carmesí y tez clara-inocente en las damas. Mucha tía buena y mucha clase media. Diríase que todos eran enteradillos del pop, gente inocentemente formada, no agresiva, con ganas de parecer inteligente, divertida como luego veremos. El teatro, al que nunca había ido, era acogedor por lo pequeño y bien construido. Amplio en su miniatura, con comodidad para los gigantescos como yo. Buena acústica aunque no sé si eso depende de la sala o de los técnicos que se lo curran. Imagino que las dos cosas. En cualquier caso buen sonido.



Lo que enseguida observé es que los conciertos sofisticados hoy en día son muy sofisticados en sus medios audiovisuales. Luces muy estudiadas y absolutamente dinámicas llenaban de luz y de vida un escenario que humeaba en una enorme gama de colores. Al subirse el telón todo el mundo estaba sentado. Ante mi temor a un concierto de cámara, fui advertido por mi primo del gradiente de ritmo al uso del grupo. Absolutamente creciente. En principio, no sólo gruñí al ver a la gente sentada, fue peor cuando vi al lado de cada instrumento un ordenador portátil. Soy de la vieja escuela, de cuando los ordenadores tenían pantallas verdes y de cuando nos daban por culo con sus sempiternos "fallos de sistema".



Ahora bien, los humanos aprendemos. Poco a poco pero aprendemos. Estos chavales cercanos aparecieron en escena con un manejo agradable y nada exagerado de sus instrumentos clásicos: guitarras y bajos , órganos de varios tipos justificados, una batería acorralada por un biombo de metacrilato, un medio mulato atlántico (de esos que se ven en Portugal y no sabe uno de donde llega) tocando lo que le venía en gana y por último el instrumento vocal personificado en una mujer poderosa y llena de bonitas detalles en su cuerpo, en su pelo, en la mirada que animaban al auditorio y a su banda, la cual se crecía con sus miradas. Era bastante grave la voz y a mí en un principio no me gustó tanto, luego me llevó a su lusitania natal y a sus bien entendidos sentimientos mostrados en las letras de un inglés portugués que se entiende -donde va a parar- mucho mejor que el inglés de cualquier manchego de Manchester. Bueno, pues aprendí que los ordenadores nos van a acompañar ya en casi todos los conciertos aunque no los veamos. En este caso, servían básicamente para añadir un violín que no tenían y para envolver de efectos barrocos la escena de, diríase, una Lisboa llena de niebla, recibiendo las naves cargadas de especias de las indias orientales.

No paro de oír alabanzas de los vecinos portugueses desde hace unos cuantos años. Me hace gracia oír lo que yo a veces pienso y entiendo un poco ridículo: "Qué majetes son los portugueses y qué bonito es su país. Extraña que no vayamos más. Todo el mundo allí habla español y nos quiere mucho. Son amables y muy educados. ¿Has estado en Sintra? No te lo puedes perder." Pues sí, Portugal mola. Está aquí al lado y es el país más parecido a España. Te intentan timar si pueden, hay suciedad, tienen arte y roña, les gusta comer, beber (menos que a nosotros olé) y se guardan las cositas para su familia. Hasta hace poco nos partíamos la cara como los hermanos que compiten constantemente para no ser iguales, para distinguirse, para conseguir los recursos disponibles en la zona. Hasta no hace mucho también, nos pegábamos de hostias, pero de las buenas por remotos lugares a donde los huevos lusos llegaban mejor incluso que los de los cabezones abuelos nuestros. Pienso que si a Carlos V no le hubieran patrocinado media Europa cobrando y no hubiera habido un superpapa corrupto tipo Zaplana del medievo con apellido Borgia, el tratado de Tordesillas no se hubiera firmado y a lo mejor estábamos nosotros pegados al mar Mediterráneo comiendo arroz todo el puñetero día.

La cosa es que ciertamente arrastran un algo llamado Saudade, esa tristeza creadora, la versión gitana del Portugués que yo observo en sus calles, en sus caras y que me mola mucho. Estoy convencido de que se trata de una mirada de la mujer del marinero que siempre mira al bravísimo océano, no mar, que envuelve sus casas. Saben que siempre hay algo más que no pueden alcanzar o que nunca volverá. Ese algo que yo también tengo porque yo también soy portugués. ¡No te joroba! Es el momento de decirlo. Somos primos hermanos.


Volviendo al concierto la música progresó primero suave dando para que cada uno se pusiera en situación lentamente y sin exigencias. Poco a poco se fueron animando con la ayuda de una electrónica muy bien llevada. Hay un componente del grupo que aparece en la foto de arriba en primer término, el cual animaba el cotarro considerablemente. Tocaba tres órganos y bailaba fenomenalmente. Bailaban él y la cantante graciosamente. Se marcó un par de versiones tremendas, un siempre genial "i will always love you" de The Cure y un revitalizado tema de New Order que me encantó. Fue un concierto genial.


Abajo tenéis una foto de mi primo Alvaro conmigo en una fiesta de disfraces en la que no tuve más remedio que vestirme con el traje de azafata de mi hermana. ¡Lo que hay que hacer por la familia!


miércoles, 23 de enero de 2008

Presión y Expresión



Jugando al baloncesto el pasado martes andaba con mi equipo bastante igualado contra el otro. Estábamos luchando dignamente por aguantar los contraataques de unos chavales más jóvenes. Los cabrones corrían de lo lindo de campo a campo. Nuestros kilos, sin embargo, eran un problema para ellos en la zona. Estábamos, en fin, en un buen fregado. Mientras jugábamos, observé que a mi equipo no sólo le unía las ganas de ganar el partido sino también y sobretodo en algunos jugadores una desaforada auto crítica en cada fallo bajo el aro. Con cada fallo de algunos jugadores escuché asombrado los gritos que pronunciaban cagándose en su puta madre, en lo malos que eran, en la puta madre de sus pases y otras maldiciones similares. Curiosamente, esos jugadores éramos los que fallábamos jugadas muy fáciles debajo del aro. Alguna presión externa a ese partido, por lo desaforada, invadía los ánimos de nuestros jugadores. Algunos de nosotros percibíamos que alguien quería de nosotros un juego ejemplar.

El otro día volví a ver la película El hombre que nunca estuvo allí (The man who wasn´t there) de Joel y Ethan Cohen. Me parece que estos hermanos saben hacer muy buen cine y que tienen un genuino sentido del humor. Pues bueno, mientras la veía observé al personaje que interpreta Bob Thorton, Ed, y me llamaba la atención lo poco que habla en toda la película. No expresa casi nada. En ese personaje también veía la presión externa que vigila muy de cerca lo que se puede o no se puede decir. Me llamó mucho la atención.

Traigo aquí, a este blog, estos comentarios porque creo que entre la gente que escribimos hay una alta población de individuos que sienten en su expresión oral alguna que otra cortapisa frecuente. Constantes juicios sumarios que miran hacia la raíz de lo que se habla. Esa vieja conocida amiga, la presión, es casi siempre propia, traída del pasado y conviene entenderla para no sentirse un chiwaka cualquiera.

La expresión escrita, la solitaria acción de sentarse frente a una hoja en blanco, viene impulsada por una necesidad creciente de compartir y de hacer partícipe a los demás de nuestra existencia. Entre otros lindos elementos, es ese déficit de conexión con el mundo compartido junto con la solitaria acción de la lectura y de su sed de conocimiento de los demás, de nosotros, lo que hace posible que aún hoy ese extraño y críptico acto llamado escritura perdure.