
El otro día estuve en el concierto que el grupo The Cure ofreció en Madrid. En el Palacio de los Deportes de Goya se congregaron miles y miles de personas, las cuales pululaban en los aledaños del palacio ya horas antes. Me encontré con cueros-telón hasta los tobillos, tacones metálicos tipo plataforma petrolífera exagerados, pinturas negras desoladoras en los rostros. Hay gente que grita al mundo una incomprensión apabullante. Quizás sólo piden singularidad. Me tomé un litro con mi amigo Sigi en la estatua de Dalí como paso previo al portal de las emociones que suele ser un concierto así. Abrimos de esta forma el cerrojo masculino. Bebimos entre la multitud de gente allí reunida mientras íbamos desengrasando las bisagras de nuestras profundidades. El frío de afuera, sin embargo, pudo con cualquier otro pulso y tuvimos que entrar en el estadio.
¡Qué bien lo han dejado, joder! Uno mea sin muchas colas y en lugares limpios. Uno bebe cerveza fría de la joroba ergonómica de jóvenes empleados de Mahou, los cuales son situados y movidos estratégicamente. Uno oye bien la música y ve bien el escenario siempre y cuando esté relativamente cerca porque es un estadio muy grande, eso sí. El aire exterior entra al recinto a través de modernas máquinas que lo facilitan. De esta forma, la sensación de interior desaparece y los antiguos humos y olores malignos dan ahora paso a un ambiente que podría estar próximo al hibernado aire libre. Además, la españolada de dejar pasar a la gente si hay butacas libres y nadie las reclama le hacen a uno amar mucho el sindiós característico y agradecer no haber gastado más de lo mínimo. Teníamos entradas del cuarto piso y nos sentamos en la primera fila de tribuna. ¿Durará mucho todo este rollo galáctico?
Robert Smith y sus chicos dieron un ejemplo de profesionalidad: buena música, buen sonido y tres horas a tope a los 49 años. Todo un crack. Un hombre que siempre ha parecido infantil por su aspecto enigmático y loco resulta ser un chico muy maduro que trabaja duro y con dedicación. Así lleva lo que lleva encima. Del concierto me gustó también darme cuenta de que todas las canciones son de amor. Podría decirse que han acertado con el nombre del grupo. El amor es la cura para la locura.
Es posible tener una voluntad firme de amar. Aún con nuestras malas experiencias del pasado, somos máquinas de amar y somos muy capaces. El amor, con sus muchas acepciones, es la única salida. Conocer, salir de uno mismo.
¿Es posible vivir sin amor? Déjenme que les responda a ello: No, sólo se sobrevive a duras penas. En el filo de la dignidad.





